Reflexión

martes, 19 de febrero de 2013
Cuando la fortuna nos sonríe no solemos preguntarnos ¿por qué a mi?, en cambio, cuando es la desgracia quien llama a nuestra puerta, esa pregunta martillea nuestra cabeza constantemente; no busquemos respuesta, nos llega el turno y, lamentablemente, no estamos tocados con la varita mágica de la invulnerabilidad. No hay nada que podamos hacer para evitarlo.
En ese instante, cuando el tren de nuestra vida descarrila, no podemos abandonar, debemos reparar la vía y seguir adelante, queda mucho trayecto por recorrer, hay que seguir y no detenerse en el apeadero de la autocompasión. El viaje será largo y difícil pero hay que plantarle cara y llegar hasta la última estación. Esto no significa que no sintamos dolor, éste nos acompañará siempre, será nuestro eterno equipaje pero en esa maleta también tienen que tener cabida la ilusión, los sueños, la alegría.
Tenemos la obligación de continuar el camino y corresponder a esas personas que dieron todo por nosotros no para vernos hundidos, sino para que luchemos y seamos felices. Dejemos de ver la vida en blanco y negro, demos paso al color y recordemos la frase que el profesor dijo a sus alumnos en la película El Club de los Poetas Muertos: "aprovechad el momento, haced de vuestra vida algo extraordinario".
 Nosotros añadimos: disfruta, vive cada segundo como si fuera el último.
Elena

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Cada día resulta más emocionante e inspirador leer vuestras aportaciones en este blog tan genial. Estoy de acuerdo con cada una de las palabras del texto y con la visión de la vida como un tren que a veces descarrila y hay que reparar, en el que viajamos cargados de una maleta llena de ilusión y sueños hasta la última estación.
Me quedo con una de las frases de ánimo del texto: "demos paso al color" y me atrevo a añadir que también debemos de llenar de color a quienes nos rodean y no pueden llenarse de color por sí mismos tanto como quisieran.
Un caluroso abrazo.
Arís

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